Alimentarte de mi aire y ver que vuelas. Regarte de
corazones y ver que creces. Envolverte con palabras y ver como te sonrojas.
Interrogarte de silencios y provocar tu risa. Atrincherar tu piel y sentir como
me atacas. Anochecer en tus labios y paladear la luna. Amanecer sobre tu
costado y encontrar a Dios. ¡A veces que inofensivo resulta amarte!
¡CUÁNTO VALÍAS!
Acabó todo y quedé sin saber lo que vales. No te puse en
ninguna balanza -dicen saber así lo que vale el oro. No te sometí al dictado de
ninguna lente –dicen que así se conoce cuán de valiosos son los diamantes.
Ningún experto autentificó tus pinceladas de belleza –dicen ser la única forma
de tasar una obra de arte. Te ruego pues regreses, sin que ello sirva de
desleal excusa, a ver si esta vez mi tálamo consigue adivinar –por tu recorrido
sobre mis sábanas- el valor de tu piel de primavera.
DESDE EL INICIO
Volverás a ser distinta. Quebrantaremos el mismo lecho. Uniremos
el mismo sudor. Pero tú volverás a ser distinta. Dibujaremos azogue en la misma
noche. Acariciaré en la vigilia perturbada
tu piel de arroyo en calma. Y volverás a ser distinta. Cambiarás tu perfume y
harás reciente la estrecha trama de tu vestido. Y volverás a ser distinta.
Resucitarás tu antojo de enredarte en mi cuerpo. Te perderás en el mismo camino
que lleva a la ventana vacía y, cuando
vuelvas, cuando vuelvas ¡Volverás a ser distinta!
Y es que tienes esa mágica manía de trocarte y trocarte. De
aparecer de la nada y tener la distinta sonrisa que vuelve a enamorar desde el
inicio. Como si ayer sólo hubiese existido en mi memoria. Como si conocerte
fuese un endiablado juego en el que el corazón siempre vuelve a la casilla de
salida.
DE MEMORIA
Pues ya ves, acá abrazándote con palabras. En el silencio
que me ocupa mientras la tilde de la noche recién se marca en el paisaje cándido
que derrama la soledad de las farolas. Mientras la memoria –aquella memoria- se
pierde en la preñez de la bruma que se ceba del olor de las castañas y del aliento
de las cigüeñas.
Allá, en la visión a la que persigo, peregrinos que cimbrean
sus sombras agarrados a la luna. Y luces abiertas como vocales arrepentidas en las bocas equivocadas. Y arriba,
más arriba, dos estrellas pardas –como de ceniza- que juegan a la comba sobre
el telón de lo infinito. Todo es tan sencillo que me trajo a la memoria tus besos de
paloma… Porque siempre andas tú en mitad de esta espiral de tinta e imposturas.
Siempre en la lejana mentira de que estás más cerca de lo que pienso. Caprichosa
y mágica. Como hecha de aire. Como hecha de silencio. Como hecha de memoria…
PROMESA SIN ACUSE DE RECIBO
Me prometí dejar este año con las manos minadas de caricias
y el camino hasta tus labios deshecho de carmines. Me prometí compartir luminosos
amaneces con tu espalda y pasar noches enteras claveteando estrellas en tu cielo.
Quise no volver a dejar mi maleta vacía en el descansillo de tus adioses y
prometí no volver a picar el boleto que me devuelve a la esquina de la ausencia.
Pero, ya sabes, cuando me prometo me equivoco. Así que dejaré de prometerme
intenciones para este rimero de días que desgastarán los horizontes. No.
Así tampoco me convenzo. Haré al menos una promesa: te inventaré, te encontraré
y te amaré como nunca ningún loco te ha amado. Pero ésa sí que es una promesa sin
acuse de recibo.
ESTUVE EN TI
Sí. Yo estuve allí. En el acantilado de sus labios. Junto a
su espalda oceánica. Míos fueron los besos que se posaron en su cuello indescifrable.
Y mías fueron las manos que sembraron sus muslos de humedales. Sí. Estuve allí.
Sobre la construcción de su vientre penitente. Y mía fue la lengua que en su
piel labró senderos carcelarios. Y allá me acomodé en sus pechos pequeños
coronados de rosáceas primaveras. Y allá anduve dibujando mariposas en todo el
lienzo que me prestó su cuerpo y su tálamo. Estuve allí. Donde sólo se atreven
los que del verso malviven y de la soledad se acompañan. En aquella piel que
tiene la maldición perfecta para que, eternamente, gire en la locura la brújula
del visitante.
COSTURERO DE TU ALMA
¡Cómo me gustaría ayudarte a desvestir tu alma! Desabrochar inquieto
cada botón de tu existencia. Desdoblar anhelante el inicio de tu cuerpo. Bordar
tu mañana. Coser escarcha de nácar en tu cielo y entallar dos estrellas a tu cintura
cincelada.
¡Cómo me gustaría deshilachar tu piel hasta tu sangre!
Remendar con olvidos tus recuerdos. Arrugar tu noche entre todos los costados
de mi cama. Enhebrar caricias y besos hasta coserme a tu vientre bajo el fruncido
níveo de mis sábanas.
¡Ay cómo me gustaría hacer patrones de tu estampa! Y así,
sin más remedio, zurcirlos en plata y nieve a estas manos de sastre de
palabras.
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