Se
enjuga la tarde. Se ennegrece de tiempo y de otoño viejo. Se descama sobre un
cielo sucio de azul. Llagado de renglones pardos. A jirones, le asciende el
olor de la acera gastada. Como una estrella insignificante en el sentido
equivocado. Sólo el eco de un corro infantil abre el silencio con el tajo que
deja una navaja con cachas de plata. Y mientras… la tarde respira. Como si
fuese lo último que no olvidó hacer. Respira y jadea con su ancianidad caduca. Descansada
en las farolas púberes que escupen una luz blanca y desanimada. Es la tarde que
dejaste. Es la tarde que no tamiza el verde de tus ojos verdes. Que no bruñe el
amarillo de tu cabello incandescente. Que no calienta el ardor de tu piel
erizada. Es la tarde sin ti. Es el trozo de día que me dejaste señalado sobre
mi escritorio macilento.
No quiero huir. Me mantengo vigilante en esta ventana en que
invento besos infinitos sobre pieles infinitas. Como te invento a ti, mariposa
inexistente. Para que todo lo que escribo tenga sentido. Para poder cerrar las
cortinas creyendo que nadie contemplará jamás la locura que preña la lágrima
del solitario.
TROCEANDO SOLEDADES
Ando cargado de trozos. Como otros andan cargados de leños castigados o de urgentes primaveras.
Hay un trozo de paisaje en el dobladillo de mi lienzo ceniciento.
Hay un trozo de memoria en la maleta que acarreo y un trozo de niñez en mis calcetines
de colores. Hay un trozo de príncipe en el sapo que alimento y un trozo de
truhán en el carmín de mi solapa. Hay un trozo de dios en la oración que mastico
y un trozo de infierno en el pecado que me vence. Hay un trozo de tarta en
cada cumpleaños que abandono y un trozo de fiesta malgastada junto a mi zapato
de madera. Hay un trozo de palabra en cada silencio que mastico y un trozo de soledades
en el humo senil de mi cigarro. Hay siempre un trozo de beso en la quebranta de
mis labios y un trozo de caricia en mis brazos que aman y defienden. Y hay un
trozo de canción que tarareo a mi gato y un trozo de secreto escrito en un
cuaderno… Y hay un rimero de trozos en el fondo de tus ojos que, de cuando en
cuando, como hoy, rescato con mi voz disfrazada de poema…
AMARTE EN QUINCE PRIMAVERAS
Me niego a amarte como un adulto.
Quiero sorprenderme aún en el zaguán de tu puerta –bolsillos rotos y pantalones
recién arrugados. Regalarte una tarde de cine con balas de plata y sangre de
mermelada. Recorrer una docena de árboles en el parque y labrar en uno el
nombre que me recorre la boca. Quiero besarte y que todos tus sabores me
estallen en los labios. Quiero tomarte de la mano y sentir tus latidos de
caramelo. Quiero ver como tu sonrisa apaga el paisaje de la tarde clandestina. Y
quiero despedirte en el umbral de tu patio – aún moteadas las sombras por la
claridad última del día… Y hasta que mañana te recorra de nuevo quiero soñarte.
Soñarte y cazar dragones y atravesar selvas y deshilachar cometas con la fuerza
de tus espejos.
No quiero amarte como un adulto,
porque los adultos piensan que amarte no será para toda la vida…
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