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DIME TÚ MUSA...



Dime Tú,
Musa,
hacedora de mis componendas,
lumbre bajo el alambique de mis delirios,
vasija sin moldura de mis arcadas de tinta,
sostén de mis espasmos.

Dime Tú,
compañera,
protectora de mi verso,
baquiana de mis senderos,
cortejo de mis noches.

Dime Tú,
Musa,
con qué palabras hechiceras
rompo el cendal de lágrimas
que ahogan
la guarida de sus ojos
y su alma. 

LÁGRIMAS EN LA LLUVIA




A veces se vienen las lágrimas como goterones de una lluvia desabrida, y descansas y te duermes aún con el salitre humano sobre tu rostro –como clavado por el agua. A veces hasta imagino olitas pequeñas distinguidas entre la negrura de los ojos y, en esa posición –casi fetal- de cabeza flanqueada por los brazos, dejo el arroyuelo imperceptible cayendo desde el espacio hasta una hoja paria que da lugar a un embalse de tristeza. Nunca supe llorar bien. Creo que es un ejercicio que no aprendí de niño con la debida suficiencia. Pues si entonces era un acto público y vocinglero, ahora lloro con un llanto escaso y profundo, como de lágrimas mudas y vergonzosas. Pero siempre sé que habrá un instante en que las lágrimas cesen y vuelva a ver la lluvia sin ningún otro velo de agua  -hechos náufragos ya mis ojos entre las bambalinas de la tormenta...

Es cuando tomo la tinta y empiezo a describir el dolor con los renglones que sobraron. Pues de todo llanto siempre queda un montoncito de poesía…