Datos personales

EL VIAJERO



Me verás otra vez acercarme por la vereda alta de la sombras, allá donde plantó el verano su último limonero. Me verás emerger de entre las nieves inversas de Caronte –los pasos aún remisos por el frío. Me verás con el sombrero inquieto y la mano nerviosa. La sonrisa torcida de deudas. La piel en calma. Los zapatos heridos. Adivinarás en mi muñeca un reloj de arena parado de sol y, en mi espalda, el fardel escaso de un marinero. Adivinarás el paso de las lunas por mis ojos, los cielos abiertos, las pléyades borrachas, los bandos de gaviotas buscando el corazón de los peces… Me acercaré tentando tu mirada con la mía…    


…Y al llegar a ti te empapará una lluvia de palabras. Me abrazaré a tu vientre sementero y recorreré tus labios con mi hambre. Te alzaré al vuelo de las mariposas bailarinas y haré mi patria en tu cabello y en tus pechos. Y agotado de regreso, te romperé de amor y de codicia. Porque vengo vacío de recuerdos, como las piedras que ladran a los ciegos en los caminos…   

EL MUNDO DE LA GENTE PEQUEÑITA



¿Cuál es mi mundo, Nano? ¿Cuál es el mundo de los que pensamos no tenerlo? ¿Cuál es el mundo de los que creemos que en éste somos demasiado vulnerables? ¿Te imaginas, Nano? ¿Te imaginas un mundo pequeñito lleno de gente grandota todos ellos preguntándose dónde está su mundo? ¿Cabríamos? Y es que yo sí veo tu mundo, Nano. Lo veo desde mi altura de hombre desmundado. Y veo tu capacho. Y tu mantita roja. Y tu perrito aún más pequeñito que tú. Y tu pelota de lunares… Y te veo corretear por la casa jugando con tu amigo invisible (que ya sé que no son cosas tuyas y que todo gato que se precie lo tiene…). Y te observo mientras observas a la gente desde la terraza buscando quién sabe que curioso misterio entre sus cuerpotes tan diferentes. Y te entiendo cuando me demandas tu pienso. O cuando me ronroneas buscando una caricia amable de mis manos de escribiente. Yo veo todo eso… Y lo veo porque tú eres mi compañero pequeño. Mi trocito de amigo. Pero yo no veo en mí todo lo que veo en ti. ¿Por qué Nano? Tal vez necesite ser el amigo pequeño de alguien. Pero claro a los mayores nos queda ridículo decir “…oye mira es que, aunque me veas grande, soy pequeñito y quiero que seas mi amigote, porque si tú eres mi amigote, a lo mejor, tú me puedes dar un mundo…” No, Nano. Me temo que es demasiado complicado… Esta noche, Nano, aunque apenas hoy se vea la luna, pensaremos juntos, mirando su cuchillita de plata, dónde podrá estar ese mundo para aquéllos que tenemos miedo de vivir en éste… 

QUÉDATE NOCHE



¿Qué haría sin ti, Noche? ¿Qué haría sin la mágica locura de tus sombras tentadoras? ¿Bajo qué almohada escondería tanto silencio custodiado? ¿Dónde posaría mi mirada sin la ceguera obediente de lo oscuro? ¿A qué lápida fecundada enviaría mis párvulas oraciones? ¿Qué cortina arrearía para enamorarme del guiño de la luna? ¿A qué lugar vendría a buscarme su espectro de veleta? ¿A qué dulcineas amaría en mis sueños de quijote? Quédate Noche y recítame otra vez el cuento en que descubro a la princesa de la sonrisa interminable…

ES EL DÍA...



Ahora... mis días rompen tarde, como cangrejos desmemoriados... Aún así –en la retaguardia- contemplo la cortina de sol sobre un mundo que me parece menudo, como hecho a escala para un peregrino pequeñito... Hay voces de perros entre las piernas de los que caminan. Perros insignificantes que orinan su costumbre en las farolas que se yerguen hacia un cielo que duele de azul. Hay saludos de desconocidos que creen conocerse y una sonrisa pintada en un maniquí estrecho y desmadejado. Es el día. El día que bebo tarde como una pócima olvidada. El día trémulo que pareciera teñido por un retratista perturbado…A lo mejor mañana vuelve… Con sus cangrejos, su sol, sus perros, sus farolas y sus desconocidos… A lo mejor mañana mi alma también se pierde entre los cuerpos de los que vienen sin haber ido… A lo mejor mañana…


Feliz día. Feliz destino.

LAMENTOS



Lamento cada palabra que derramé en tu boca. Lamento cada astilla que arranqué de tus labios. Lamento cada poro  que te cubrí con mi cuerpo. Lamento cada caricia que levanté en mis manos. Lamento cada silencio que reventé en tu sueño… Y cada luna que colgué sobre tu pelo. Y cada sol que coloqué en tu sonrisa. Y cada estrella que derramé sobre tu falda. Y cada mar que traje hasta tu mesa... Porque hoy ¡pobre de mí! ya sé que amar era sólo cosa de uno...

CASI UN VERSO



A fin de cuentas no dejo de ser un texto anómalo. Un poema cojo sin rima ni armonía. Un garabato pueril remendado en los grises del paisaje. Un párrafo a la espera de que tú, verso maravilloso, concluyas la fábula de mi vida.



AMARTE SOBRE TODOS LOS VERBOS



Alimentarte de mi aire y ver que vuelas. Regarte de corazones y ver que creces. Envolverte con palabras y ver como te sonrojas. Interrogarte de silencios y provocar tu risa. Atrincherar tu piel y sentir como me atacas. Anochecer en tus labios y paladear la luna. Amanecer sobre tu costado y encontrar a Dios. ¡A veces que inofensivo resulta amarte!     

¡CUÁNTO VALÍAS!



Acabó todo y quedé sin saber lo que vales. No te puse en ninguna balanza -dicen saber así lo que vale el oro. No te sometí al dictado de ninguna lente –dicen que así se conoce cuán de valiosos son los diamantes. Ningún experto autentificó tus pinceladas de belleza –dicen ser la única forma de tasar una obra de arte. Te ruego pues regreses, sin que ello sirva de desleal excusa, a ver si esta vez mi tálamo consigue adivinar –por tu recorrido sobre mis sábanas- el valor de tu piel de primavera.