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EL ADIÓS DE MARZO



Esta noche me alumbra la desgana. El cielo sigue desteñido y enterneciendo las piedras con su agua bonachona. Dicen los que dicen que ya se marchan las lluvias de marzo, que la primavera mocita espera tras la puerta y que, a lo mejor mañana, o a lo más a su paso, empezarán a entreverse los misterios que la preñan.

Vendrán la mañanas mimosas y las tardes amarillas, los jazmines blancos de tu pelo negro y el verde gritón de las ranas principescas, el violáceo en los caminos y el rojo en la sangre de los poetas.

Así que me voy a despedir de ti, noche macilenta, lluviosa y fría -como el último contrabando-, encubridora de mis versos más ruinosos, portal de mi soledad y mi pereza… Me voy a despedir de ti hasta no sé cuándo, hasta no sé dónde, hasta no sé con quién…

Será el horizonte de tu Otoño y el trazo de mi vida los que, aquí o allá, o acaso algo más lejos, vuelvan a cruzarse en la rúbrica sin nombre de un mustio poema.

Feliz noche. Feliz destino.
(Feliz atardecer América)  

DE MUJERES Y MARZO




Aunque ando en la trastienda de las vocales y las sombras, más silente que sonoro y más afanoso que fértil. Aunque me duele -como duelen pocas cosas- esta tarde que se arruga y evapora, y esta oscuridad que ya doblega mi peto y hace punzante el yelmo que encarcela el brote de mi locura.

Aunque no sé del tiempo que me resta ni de las palabras que me caben, pues soy universo pequeño en un útero que, escaso de piel y celo, me gira y me alimenta. Pasar no quisiera el día sin hablaros, sin escribiros, sin reprocharos, sin deliraros, sin echaros de menos, sin disculparme y sin confesaros que todo lo que fuisteis yo fui y que, todo lo que me demandéis, justamente seré...

Madres, hermanas, hijas, amantes… Campesinas, taquígrafas y parteras; costureras, poetisas y psiquiatras; geógrafas, panaderas y maestras; prostitutas, regentes y centinelas; mujeres todas en mis quimeras y en mis infiernos; en mis hogares y en mis veredas; en mis candelas y en mis aguaceros; en mis olvidos y en mis recuerdos… Os tuve tanto… Os besé tanto... Os deseé tanto… Os lloré tanto… Os escribí tanto… ¡Cómo de feliz me hicisteis…! ¡Cómo de desdichado…!

Ya que sabéis de mi pobre amor imaginario yo, sin enturbiarme, me señalo hoy en vuestros rostros y en vuestras manos, en vuestros labios y en vuestros vientres, en vuestros pechos y en vuestra alma, pues me hice trovador para escribiros y me hice camino para encontraros…  


CON TU RECUERDO...




Esta tarde me he acordado de ti. Siempre lo hago cuando cae una lluvia diminuta que lame los paraguas cochambrosos. Será, porque casi en su ausencia, me recuerda la voz con la que amabas. La tarde es escasa, pero el silencio es amplio como una llanura desierta de redondeles de tinta. Sigo buscando el aliento por el que llegaba a tu boca. Sigo viendo abuelos en los parques y escuchando la serenata que los pájaros urbanos vuelcan en los balcones de los árboles. Se me han escondido las palabras y no hay chiquillas que rasgueen con sus pasos la vieja guitarra que siempre aparece en mi paisaje. Marzo se ha caído ya del viejo abrigo de algún dios borracho. El mismo Marzo que presume siempre de azules y gitanillas. El mismo Marzo que bordará tu blusa blanca y se enredará con sol de cíngaro entre tus pechos pequeños.

Mientras todo ocurre, yo me he ausentado un tiempo. Me distraje pensando en algo en que pensar. Ultimando un verso. Viajando entre mi trabajo y mis aposentos. Demasiado callado. Como esta lluvia. Como tu recuerdo que otra vez aflora sin que haya ningún marzo por el que espere el regreso de tu primavera.