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PREÑADA



Tienes preñada hasta el alma. Hasta la mirada. Hasta los andares. Tienes preñada la esperanza y la incertidumbre. Caminas bajo el cielo preñado y te aturde la luna que, entiendes, también preñada…

Te miro y te descubro mujer sobre una piel de niña, y observo tu párvula mirada sobre los patucos azules, sobre la camisetita blanca que, de seguro, le vendrá graciosamente grande. Sobre el tiovivo en que montas tu sonrisa. Porque sonríes como sólo sonríe una mujer preñada y lloras, sin saber por qué lloras, como sólo lo hace una mujer preñada…

Te descubres de perfil en ese espejo que comienza a quedársete pequeño. Y desnuda acaricias tu vientre, y haces y deshaces cábalas infinitas. Y crees que todo crece demasiado despacio. Y no te das cuenta de que el tiempo pasa demasiado deprisa…


Contarás los días hasta el final, princesita de cuento errante. Hasta que tenga música el sonajero y  sea todo saliva el chupete que prendes en la cuna. Hasta que troten los caballitos de madera. Hasta que sientas su piel sobre tu pecho, sus latidos sobre los tuyos y su mirada rebosante en la tuya que interroga... Será sólo entonces, será ése el instante, el puñetero momento en que comprenderás que ahora has de comenzar a contar de nuevo…        

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